por Marcelo J. Fleischer
El cáncer es una enfermedad. Es falso, inútil y hasta nocivo pensarlo como algo distinto de una enfermedad; por eso insistiremos: el cáncer es una enfermedad, entre muchas otras, que a menudo puede curarse o controlarse con un tratamiento adecuado. Conviene decir también lo que no es el cáncer: no es una maldición, ni un castigo, ni una manifestación de la mente, ni un reclamo de la naturaleza, ni un mal moderno.
Comprender lo que el cáncer no es, además de ahorrar al paciente angustias infundadas -en medio de una situación que puede resultar muy angustiante-, allana y abrevia la odisea del diagnóstico y el tratamiento precoz. Y es que al abordar un problema oncológico, el factor tiempo es decisivo: cuanto antes el paciente se libere de miedos, supersticiones y prejuicios, cuanto antes adopte una actitud emprendedora y una terapia de probada eficacia, más chances tendrá de curarse.
Se sabe que a la hora de enfrentar al cáncer no pocos individuos descubren en sí mismos una sorprendente fortaleza espiritual. Para ellos, conocer las medidas que pueden tomarse a fin de diagnosticar y eventualmente tratar el cáncer es tan útil como lo es aprender a discernir las variables que son refractarias a su mejor voluntad y empeño. Todo aquel que decida orientar sabiamente su esfuerzo debe aceptar el desafío de protagonizar un plan diagnóstico y terapéutico: informarse y preguntarlo todo, sin complejos, al médico de su confianza, es un buen comienzo.
Esta serie de artículos es el fruto de un par de vocaciones complementarias: la medicina y la divulgación. En materia de salud, creemos que la información fehaciente, basada en años de infatigable investigación científica, es la mejor guía para quienes están resueltos a tomar una decisión inteligente por cada ocasión que la requiera. De ahí que apostemos a la divulgación clara pero exenta de simplificaciones u omisiones, confiando en que el lector lo agradecerá.
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