Marcelo J. Fleischer
Mariana L. Moyano
Muchos asocian las molestias digestivas (dolor o distensión abdominal, náuseas, acidez) con la ingesta de medicamentos por boca. Se trata de síntomas habituales, pero raramente provocados por el contacto directo de un comprimido, cápsula o jarabe con la mucosa gástrica (capa que recubre la superficie interna del estómago). Este órgano, responsable de una etapa fundamental de la digestión, no se deja dañar con facilidad; preparado para resistir un medio extraordinariamente ácido, recibe al bolo alimenticio y lo transforma mediante procesos químicos y físicos que facilitan posteriormente la absorción de nutrientes.
Las drogas que pueden afectar el funcionamiento del estómago, originando desde algunas molestias hasta severas complicaciones, habitualmente lo hacen luego de ser absorbidas en diferentes segmentos del tubo digestivo (o bien luego de su administración por vía intramuscular, subcutánea o endovenosa).
Corticosteroides (dexametasona, meprednisona, etc) y antiinflamatorios no esteroideos (aspirina, diclofenac, ibuprofeno, etc) ejercen su acción principalmente una vez absorbidos y transportados por el torrente sanguíneo, al desencadenar una serie de reacciones químicas que debilitan la protección de la mucosa gástrica contra la acidez del medio. Otros medicamentos, como los opioides (tramadol, codeína, morfina, etc), pueden ocasionar síntomas tales como nauseas y vómitos, pero actuando directamente a nivel del sistema nervioso central, no en el estómago, motivo por el cual -a diferencia de los anteriores- conviene administrarlos con el estómago vacío.
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