Marcelo J. Fleischer
Mariana L. Moyano
El dolor es un síntoma, y como tal puede ser expresión de algún otro problema (conocido o desconocido). Para comprender el significado del dolor hay que atender al contexto en el que aparece.
DOLOR SIN ENFERMEDAD DIAGNOSTICADA:
Un dolor inexplicado puede ser motivo de consulta, propiciando la detección precoz de una enfermedad incipiente. Tan sólo paliar el dolor, sin dedicarse a comprenderlo, puede ser la forma de ignorar la presencia de un tumor localizado y fácilmente curable. En tales circunstancias el dolor es algo así como un buen amigo, advirtiendo a los gritos que un peligro se avecina.
Pero los tumores que se encuentran en las primeras etapas de su crecimiento no siempre anuncian su presencia (mediante dolor u otros síntomas y signos). En ocasiones resulta más difícil detectar -en una instancia curable- a un tumor "silencioso" que a uno agresivo; esto se debe a que un tumor de rápido crecimiento, y con una marcada tendencia a invadir tejidos, puede presentarse "con bombos y platillos", gracias a lo cual puede ser encontrado y eliminado antes de llegar a diseminarse. Tal suele ser el caso del melanoma visible: extirpado a tiempo, este no implicará más problemas que una pequeña cicatriz -en reemplazo de un lunar.
DOLOR CON ENFERMEDAD DIAGNOSTICADA:
Es común la aparición de dolor como secuela o efecto secundario de una cirugía; también la radioterapia y la quimioterapia pueden ocasionar diferentes cuadros dolorosos.
Diversas causas de dolor no oncológico pueden ser detectadas a lo largo de un tratamiento oncológico y durante los controles posteriores. Las características del dolor, referidas por el paciente, ayudan al médico a identificar su origen (tipo, sitio, duración, momento de aparición, reacción a maniobras médicas, signos acompañantes, etc.). Cuando la causa del dolor no resulta obvia, esas mismas características pueden ser el fundamento de distintas hipótesis, y eventualmente de un plan diagnóstico. Para arribar a una conclusión, el oncólogo puede valerse de múltiples estudios complementarios.
Cuando es la primera señal de recurrencia de un cáncer, el dolor puede brindarle al paciente la posibilidad de iniciar a tiempo un tratamiento con intención curativa o bien con intención de controlar la enfermedad (para evitar complicaciones asociadas a su progresión).
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En cualquier caso, el dolor mismo siempre debe ser tratado, pero sin olvidar que su interpretación puede llegar a ser incluso más importante que su alivio.
Entre quienes presentan dolor inexplicado encontraremos a pacientes oncológicos con dolor no oncológico, así como a individuos presuntamente sanos con dolor como primera manifestación de un cáncer. Asimismo, pueden coexistir en un mismo paciente dolores de múltiples causas. Por lo tanto, no se debe inferir el origen de un dolor tan sólo a partir de un antecedente ya conocido; a la hora de plantearse diagnósticos probables, la mejor herramienta en manos de un médico es el buen interrogatorio.
El dolor, entonces, no conlleva un buen o mal pronóstico per se, pero su correcta evaluación sí puede repercutir en el pronóstico, por cuanto mejora las chances de hallar el problema de fondo y tratarlo exitosamente.
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